Queco

A Queco nos lo dejaron en la puerta del antiguo refugio, una de las noches mas frías de ese invierno, cuando todavía tenia los ojitos cerrados... Queco era un muñequito que cabía en la palma de una mano y, sin embargo, la mala suerte de haber nacido en manos de seres despreciables, había llegado a él.